lunes, 12 de julio de 2010

Cambiar es posible

Lo sentís. Lo intuís. Lo sabés.

La necesidad de un cambio se afirma en tu interior. Quizá la duda y el temor te detienen, pero podes cambiar el rumbo de tu camino.

Un camino es solo una orientación. No es único ni fijo ni es para siempre.

Frente a la encrucijada, tu elección puede ser otra.

Pocas cosas en esta vida son tan permanentes como el cielo y la tierra.

Todo lo demás, incluidos los seres humanos, cambia. Tu camino, también.

Por eso es bueno el desapego y no aforrarse a lo conocido, a lo seguro, sino dejar que la vida fluya y se encamine hacia los cambios.

El movimiento constante esta la renovación que se da en la naturaleza, en la mente y en el espíritu.

El camino va buscando su propio sentido, a veces con armonía, otras con tropiezos. Y justamente cuando ocurre un tropiezo… Ha llegado el momento de escuchar el mensaje del camino: “es necesario tomar otra dirección”.

Por qué tanto temor? Si el camino siempre fue desconocido.

Lo que te da inseguridad es tener que abandonar un recorrido al que ya te habías acostumbrado. Pero el habito te hace perder el goce de la travesía, y perder las oportunidades de transitar por otros recorridos, donde tal vez encuentres aquello que aun sin saber, estás buscando y necesitando. Por eso no temas, no huyas cuando sobrevenga un cambio.

No obstines en mantener una posición que ya no es conveniente.

Es necesario que seas flexible y te adaptes a las circunstancias porque, aunque al principio te cueste entenderlo, los cambios siempre son para mejorar y evolucionar a una instancia superior.

Lentos o vertiginosos, pacíficos o violentos, deseados o no, los cambios son los promotores del progreso. Los que evitan que te estanques o te marchites. Los que hacen que la abundancia o la afluencia de bienes pasen por tu puerta para que tengas oportunidades. Porque el movimiento es la máxima manifestación de la vida y de la prosperidad. Por el contrario, la quietud y la rutina significan estancamiento y ocaso.

Por eso hay que decidirse a iniciar ese cambio. Rendirse al movimiento y mirar con otros ojos el curso de la vida.

Ella misma te señala el momento adecuando para actuar sin temor y animarte a nuevos cambios.

El cambio es un acto de fe. Nace de la puja entre lo viejo y lo nuevo.

Todo cambio responde a fuerzas supriores. Por eso no hay motivo para arrepentirse de la transformación.

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